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Los astrónomos descubrieron un antiguo cuásar que, como un molino, tritura la materia hasta convertirla en polvo finísimo.
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Con ayuda del telescopioJames Webb, los astrónomos se asomaron a un antiguo cuásar — el deslumbrante corazón de una galaxia, donde un agujero negro gigante succiona materia. Resultó que no solo destruye, sino que también crea: sus potentes chorros y ondas de choque actúan como un auténtico molino cósmico. Trituran las partículas de polvo cósmico hasta convertirlas en un polvo finísimo — igual que la arena común, solo que molida a tamaños microscópicos.
Este molino explica el enigma: de dónde salió tanto polvo en el universo joven. Las partículas más diminutas tienen una enorme superficie, sobre la que los átomos de gas se adhieren rápidamente, acelerando el crecimiento de nuevas partículas.
Y aquí viene un giro inesperado: el telescopio no detectó una característica espectral distintiva que revela el polvo de carbono, el cual es casi omnipresente. Parece que este molino está ajustado de forma selectiva: solo procesa silicatos, ignorando el carbono.
No trabajó por mucho tiempo, pero proporcionó a la galaxia material para el nacimiento de futuros planetas.
La luz de este cuásar viajó 12.500 millones de años antes de alcanzar el telescopio. Lo vemos tal como era apenas 1.300 millones de años después del Big Bang.