El análisis de datos de fσ8 y lentes débiles indica que la tasa de crecimiento lineal a z≲1 puede ser inferior a las predicciones de ΛCDM. Se ha construido el modelo iDCDM (materia oscura fría en desintegración interactuante), donde las partículas de materia oscura experimentan fricción con la radiación oscura producida en su desintegración. La fricción no se debilita, sino que se intensifica hacia tiempos tardíos. El modelo agrega dos parámetros, manteniendo inalteradas la evolución de fondo, la nucleosíntesis primordial y el fondo cósmico de microondas, pero conduce a una supresión escalonada del factor de crecimiento f(k,z), objetivo para DESI, Euclid y Rubin. Con los datos actuales, iDCDM es preferible a ΛCDM: Δχ² de -2.7 a -7.6 según el tipo de escalado de la fricción con el corrimiento al rojo y la masa de los neutrinos. La verificación final requerirá mediciones del crecimiento de estructuras resueltas en k y z.
El universo crece como una metrópolis: las galaxias-rascacielos se levantan sobre un armazón invisible de materia oscura; su peso atrae el material de construcción. Mientras, la energía oscura hace que la propia ciudad se expanda sin cesar. Antes se suponía que el armazón se compactaba a un ritmo constante, a pesar de la expansión del espacio. Pero mediciones recientes muestran que en las últimas eras el ritmo de construcción ha caído.
Los astrónomos sospechan que el problema está en el propio armazón: se está degradando poco a poco, emitiendo un «polvo» de partículas ligeras. Ese polvo, como un viento de frente, presiona los restos de materia oscura y dificulta la construcción. Lo más sorprendente es que la desaceleración no empezó de inmediato, sino hace apenas unos miles de millones de años, como si el material de construcción hubiera empezado a perder resistencia de repente. El modelo predice una señal clara: un punto de inflexión característico en la gráfica de crecimiento de las galaxias a ciertas escalas. Los proyectos Euclid y Rubin pronto podrán comprobar esta hipótesis.
🎯 La radiación oscura interactúa tan débilmente con la materia ordinaria que atraviesa la Tierra casi sin notarla.