En el cristal CsV3Sb5-xSnx, que a bajas temperaturas se vuelve superconductor, la corriente no fluye como un flujo continuo, sino por estrechos caminos sinuosos. Para ver estos caminos se utilizó un microscopio de barrido con un sensor de campo magnético muy sensible, que detecta las corrientes más pequeñas, como una ecosonda que sondea el fondo. La imagen recuerda a una red de arroyos que atraviesan la roca: algunas zonas dejan pasar la corriente, otras permanecen bloqueadas.
Estos canales de corriente aparecen exactamente a la temperatura a la que el material pierde su resistencia. A partir de ahí llevan su propia vida: no desaparecen al calentar ni se desdibujan, incluso si se aumenta la corriente. Su comportamiento es no lineal: la corriente no crece suavemente, sino a saltos. Esto revela que los canales funcionan como una cadena de contactos Josephson (lugares donde la supercorriente se filtra a través de una barrera delgada). Este transporte "arroyuelo" explica de forma natural viejos misterios: por qué surge en el material un efecto diodo espontáneo (la corriente fluye más fácilmente en una dirección) y de dónde provienen las uniones Josephson internas.
El experimento ha proporcionado por primera vez un mapa espacial de cómo fluye la supercorriente en los superconductores kagome. Antes, sobre la estructura interna solo se podía inferir a partir de mediciones eléctricas globales, como si se adivinara el relieve del fondo por las ondas en el agua. Ahora se ve que el material se divide espontáneamente en filamentos conductores, y esta división se ve reforzada por las impurezas. Este enfoque abre el camino al estudio local de otros sistemas donde coexisten y compiten diferentes tipos de orden.
Kagome es un patrón de cesta tejida con triángulos entrelazados. En cristales con esta red, los electrones se comportan de manera especialmente extraña debido a la frustración geométrica.