Los impactos gigantes —colisiones de cuerpos del tamaño de planetas— se modelaron usando el código hidrodinámico SWIFT para masas impactantes de entre 0,2 y 4 masas terrestres. Después del impacto, se determinó la posición de la fotósfera, lo que permitió calcular la luminosidad inicial de los remanentes en un rango de 5·10⁻⁵ a 10⁻¹ de la luminosidad solar. La disminución de la luminosidad tuvo un carácter aproximadamente exponencial con un tiempo característico de 1 a 2000 días. Sobre la base de estos resultados y las estimaciones de la frecuencia de impactos gigantes, se estableció que en el catálogo fotométrico completo Gaia DR4 se espera registrar de 0 a 14 eventos similares, y un número no menor podrá detectar LSST. La observación directa de los restos de las colisiones permitirá imponer restricciones fiables sobre la prevalencia de los impactos gigantes en la Galaxia y su papel en la formación de planetas.
El nacimiento de planetas se asemeja al trabajo de una fragua celestial. Bloques rocosos chocan y se fusionan entre sí. Un fuerte impacto provoca una chispa: la materia se calienta hasta brillar al rojo vivo, como el metal que se enfría. Simulaciones computacionales muestran que el destello es visible desde unos días hasta varios años, y en su punto máximo alcanza una décima parte de la luz solar. Los telescopios modernos, que monitorean millones de estrellas, pueden captarlo. Nuevos sondeos celestes, como Gaia y LSST, recopilarán datos precisos sobre la luminosidad de las estrellas. Los científicos esperan hasta 14 eventos de este tipo, que mostrarán con qué frecuencia chocan los mundos en la Vía Láctea.
🎯 La temperatura en el punto de impacto se eleva en minutos a miles de grados: los fragmentos se calientan al rojo vivo, como una pieza en la fragua.
🎬 En la película «Melancolía» de Lars von Trier, la Tierra choca con un planeta errante, provocando un destello deslumbrante que recuerda a este efecto.