Las gotas cuánticas son cúmulos de átomos enfriados casi hasta el cero absoluto. Surgen cuando átomos magnéticos se atraen (fuerzas dipolares), pero del colapso las mantiene un constante temblor microscópico: las fluctuaciones cuánticas. La gota pulsa rítmicamente, como un globo que respira. Su «elasticidad» cambia bruscamente al pasar de un condensado de Bose-Einstein ordinario (condensado de Bose-Einstein) (predicho por Einstein y Bose) al estado de gota. Físicos chinos desarrollaron un método simple para predecir la frecuencia de esta respiración: utilizaron la superposición —una mezcla mental de todos los movimientos— y obtuvieron fórmulas cortas. Simulaciones por computadora y mediciones de la expansión de nubes de disprosio y erbio confirmaron los cálculos: la frecuencia saltaba como si una pelota de espuma se volviera de goma. Así, midiendo el pulso de la gota, se pueden determinar con precisión los límites de la nueva fase y la fuerza del temblor cuántico, tal como Landau explicó el helio mediante ondas colectivas. Todo esto fue posible gracias al enfriamiento láser hasta milmillonésimas de grado. El método abrirá el camino a sensores ultrasensibles y al estudio de estados exóticos, como los supersólidos.
Las gotas cuánticas son el líquido más diluido del Universo: la distancia entre sus átomos es comparable al tamaño de un virus.