Una pequeña imperfección en un diamante — una vacante de níquel — se convierte en un cúbit que obedece solo a la luz. Enfriado a –271 °C, mantiene el estado cuántico 3400 veces más que lo natural, suficiente para que la luz llegue a una ciudad vecina. Esto promete redes cuánticas funcionales sin imanes voluminosos.
🎯 Si un cúbit común olvidara la información a esa velocidad, la perdería mil veces por segundo. Este logra transmitir un mensaje entre distritos de una ciudad en un milisegundo.
🎬 Estos cúbits de larga duración acercan un internet cuántico, similar al ansible del «Ciclo de Hainish» de Ursula K. Le Guin, un dispositivo para comunicación instantánea a cualquier distancia.