Los científicos crearon un bit cuántico a partir de un defecto en el diamante, que se controla solo con luz y conserva la información más de un milisegundo. Es como una escritura a lápiz que dura mucho más de lo normal gracias a una capa protectora especial. Estos bits de larga vida ayudarán a construir la internet cuántica. Imagínese: su clave secreta, almacenada en la punta de una aguja de diamante, sobrevivirá a miles de operaciones.
Las redes cuánticas necesitan partículas que obedezcan a la luz y tengan larga memoria. Esa partícula se encontró en el diamante — un solo átomo de níquel incrustado en un cristal con huecos alrededor. Su giro se puede controlar solo con pulsos de luz, como un director de orquesta que dirige sin tocar.
En el experimento, este ritmo se sostuvo con una serie de destellos según el método de Rabi, prolongando la memoria cuántica. El tiempo de vida aumentó de 0,4 microsegundos a 1,3 milisegundos — 3400 veces más. En ese lapso, un fotón infrarrojo puede viajar del centro a la periferia de una ciudad, y el cúbit realizar cientos de operaciones. Además, funciona a –271 °C en un refrigerador de laboratorio común.
El secreto no está en la pureza del diamante, sino en el defecto intencional. Estos centros se pueden producir en serie bombardeando diamantes con iones de níquel. No requieren imanes, emiten en el rango de la fibra óptica y prometen nodos simples para comunicación cuántica.
🎯 Si un cúbit común olvidara la información a esa velocidad, la perdería mil veces por segundo. Este logra transmitir un mensaje entre distritos de una ciudad en un milisegundo.
🎬 Estos cúbits de larga duración acercan un internet cuántico, similar al ansible del «Ciclo de Hainish» de Ursula K. Le Guin, un dispositivo para comunicación instantánea a cualquier distancia.