La onda cuántica se asemeja a una fotografía de larga exposición: todo está borroso, pero es precisamente esa borrosidad la que muestra el movimiento. Normalmente, estas ondas congeladas se consideran una abstracción conveniente. Sin embargo, si en cada punto de la imagen estimamos, a partir de su brillo, en qué momento del reloj interno de la partícula se encontraba allí, el espacio plano adquiere de repente curvaturas. La curvatura resultante coincide exactamente con la geometría de un Universo en expansión, desde el Big Bang hasta nuestros días. Normalmente, ese modelo se deriva de las ecuaciones de Einstein, incorporando la gravedad de antemano. Aquí, en cambio, la curvatura del espacio-tiempo aparece por sí sola, solo a partir de la naturaleza probabilística de la onda. En otras palabras, la gravedad no es una fuerza fundamental, sino una sombra de la incertidumbre cuántica. Esta intuición fue expresada por primera vez por Georges Lemaître en 1927, y el formalismo ondulatorio fue creado por Erwin Schrödinger.
🎯 Cuando Georges Lemaître propuso por primera vez la hipótesis de la expansión, Albert Einstein respondió: «Sus cálculos son correctos, pero su interpretación física es horrible». Hoy esa hipótesis es la base de la cosmología.
🎬 En la película 'Interestelar', los protagonistas viajan a través de un agujero de gusano, un túnel en el espacio-tiempo curvado, similar al que surge espontáneamente de la onda cuántica en la nueva teoría.