A finales del siglo XX, Saul Perlmutter descubrió que la expansión del Universo se está acelerando. A esta fuerza invisible la llamaron energía oscura. Las teorías convencionales requieren «fantasmas»: partículas con energía negativa que violan los fundamentos de la física.
El nuevo modelo prescinde de ellos: todo se asemeja a un resorte comprimido. Poco después de la inflación cósmica, un diminuto axión (partícula predicha por Helen Quinn) quedó aprisionado por una densa nube de piones oscuros, los ladrillos de la materia oscura descubierta por Vera Rubin. A medida que el espacio se estiraba, la nube se diluía (aumenta el corrimiento al rojo), y hace unos quinientos millones de años la presión cedió: el axión-resorte se liberó y ahora empuja las galaxias acelerándolas.
El modelo se basa en leyes similares a las del Modelo Estándar de partículas, y las simulaciones por computadora coinciden con la radiación cósmica de fondo. Lo sorprendente: toda la potencia de la energía oscura cabe en un volumen diminuto de espacio, y la masa del pión oscuro es miles de veces más ligera que el electrón. Si esto es cierto, los piones oscuros se manifestarán por primera vez no solo a través de la gravedad, sino también en la expansión acelerada.
En el espacio enrarecido, los piones oscuros a veces practican el «canibalismo»: chocan y se absorben mutuamente en reacciones 4→2, lo que eleva su temperatura. Es como cuando en una fiesta los invitados se comen hasta la última miga para entrar en calor.