Un rumor grave que viene de bajo tierra puede ser el ruido de una obra lejana, o el eco de un antiguo terremoto. Un enigma similar se plantó ante los astrónomos cuando en 2023 captaron ondas gravitacionales de frecuencia ultrabaja ondas gravitacionales — el temblor del propio espacio-tiempo que recorre el universo.
Estas ondas, con frecuencias en nanohercios (un período dura años), se detectaron mediante conjuntos de sincronización de púlsares — observaciones de decenas de estrellas de neutrones que giran con la precisión de relojes atómicos. Una onda gravitacional altera ligeramente el ritmo de estos faros cósmicos. Tras reunir datos durante 15 años, los investigadores vieron un «ruido» común, pero no pueden determinar de dónde proviene. Los dos principales sospechosos: pares de agujeros negros supermasivos en los centros de las galaxias, que se acercan lentamente en espiral, y ondas gravitacionales primordiales, nacidas en los primeros instantes después del Big Bang.
El nuevo trabajo propone un «traductor» que, mediante las características apenas perceptibles del ruido, podrá distinguir la obra del terremoto. Los autores desarrollaron un análisis bayesiano jerárquico — un método que busca simultáneamente signos de no gaussianidad (desviaciones del ruido aleatorio simple) en la señal. Si el rumor lo crean fuentes brillantes individuales, como pares cercanos de agujeros negros, aparecen en los datos ráfagas características. Si son ondas primordiales, el ruido es más uniforme. El método no solo separa las hipótesis, sino que también permite medir las propiedades de la población de agujeros negros binarios: sus masas, distancias y tasa de fusiones.
Así, el rumor cósmico deja de ser solo ruido y se convierte en un relato sobre los gigantes invisibles que habitan el corazón de cada galaxia.
Los púlsares son tan estables que una desviación en su señal de una millonésima de segundo en 10 años ya se considera un evento. Tal precisión es comparable a medir la distancia a la Luna con un error del grosor de un cabello humano.
En la novela «Contacto» de Carl Sagan, una señal del espacio captada en ondas ultralargas resultó ser un mensaje de otra civilización. Las ondas reales de nanohercios son por ahora solo ruido, pero su desciframiento podría ser el primer paso para «escuchar» los procesos más ocultos del universo.