En los primeros instantes tras su nacimiento, el universo se expandió más rápido de lo que tarda en encenderse una cerilla. Este proceso se denomina inflación. Explica por qué el cosmos actual es tan homogéneo y plano. Pero, ¿qué ocurrió antes? Quizás entonces operaban las leyes de la gravedad cuántica, y sus huellas pueden encontrarse en los datos.
Los autores del trabajo tomaron un modelo de inflación con un tipo especial de gravedad, donde la curvatura del espacio está relacionada con la materia (esto se llama gravedad f(R,T)). Añadieron el campo que provoca la expansión —el inflatón— y la corrección de Chern–Simons. Esta corrección es como un susurro silencioso de las partículas cuánticas que altera el escenario de la expansión. Los científicos calcularon dos variantes de la corrección: trigonométrica y exponencial.
Luego calcularon los parámetros clave: cuánto fluctuaba la densidad de la materia (índice espectral escalar) y con qué fuerza la inflación generó ondas gravitacionales (índice espectral tensorial y relación tensor-escalar). Compararon los resultados con los datos del satélite Planck de 2018. Resultó que la corrección exponencial restringe especialmente bien las ondas gravitacionales y concuerda con los datos combinados de Planck, BK15 y BAO.
Para verificar, los autores consideraron el modelo sin la corrección de Chern–Simons, sin la gravedad f(R,T) lineal y con la versión no lineal. Conclusión: la corrección cuántica realmente afina las predicciones, acercándolas a lo que ve el telescopio. No es solo un juego con fórmulas: es un puente entre el mundo cuántico y el vasto universo. Quizás los primeros instantes del cosmos fueron más complejos de lo que pensábamos, y esa complejidad dejó una huella en el cielo.
La inflación duró aproximadamente 10⁻³⁵ segundos; en ese tiempo el universo se expandió 10²⁶ veces, como si un grano de arena se volviera del tamaño de una galaxia.