El universo temprano no era solo un caldo caliente de partículas. En las primeras fracciones de segundo, la simetría especular podría haberse roto: el mundo y su reflejo no habrían sido del todo idénticos. Si así fue, en la red cósmica de galaxias a gran escala quedaría un 'remolino' apenas perceptible, como si toda la materia estuviera ligeramente enroscada en una dirección.
Un grupo de investigadores ha ideado cómo medir ese retorcimiento. Construyeron una estimación basada en la helicidad, una magnitud que indica cuánto se parece la estructura de la materia oscura a un sacacorchos diestro o zurdo. Las simulaciones por ordenador con asimetría artificialmente inducida confirmaron que, incluso después de miles de millones de años de evolución, la huella no se borra. Luego aplicaron el método a datos reales: el mapa de galaxias del Sloan Digital Sky Survey (SDSS).
El resultado fue límite: hay un ligero indicio de 'zurdidad', pero demasiado débil para hablar de un descubrimiento. La significancia estadística es insuficiente. Sin embargo, el logro principal es otro: ahora los astrónomos tienen una herramienta funcional para buscar la huella del universo temprano en la distribución de las galaxias. Futuros sondeos, como Euclid o Roman, proporcionarán mapas cientos de veces más detallados, y entonces la cuestión de la simetría especular del cosmos podría por fin resolverse.
La interacción débil es la única de las cuatro fuerzas fundamentales para la que se ha demostrado con certeza la violación de la paridad. En la desintegración beta, los electrones salen predominantemente 'zurdos', y este descubrimiento en 1956 fue un shock para los físicos.
En la novela 'Blindsight' de Peter Watts, una inteligencia alienígena utiliza la violación de la paridad en su bioquímica, lo que la hace invisible a la percepción humana.