Una neurona que transmite una señal se parece a una pequeña batería que se descarga y recarga rápidamente. Durante casi 70 años se creyó que la fase de recarga dependía de una especie de «válvula de potasio» que se abría con retraso. El nuevo trabajo afirma que esa corriente es un fantasma: surgió porque se trataba la membrana neuronal como un simple condensador, ignorando su compleja geometría.
El error se escondía en el modelo eléctrico. Cuando una corriente iónica atraviesa la membrana, parte de la carga se acumula en la propia membrana: eso es la corriente capacitiva. En los experimentos antiguos, se confundió con el movimiento de iones de potasio. Los autores demuestran que las pruebas directas de aquella corriente «de potasio» eran un artefacto, consecuencia de una comprensión imperfecta del circuito.
Si se aplican las leyes de la física adecuadas para el tejido vivo (y no para conductores inertes) y se añade el segmento inicial del axón al cálculo, el modelo ya no necesita la corriente de potasio retardada. El impulso nervioso —el potencial de acción— se describe de forma limpia y sin contradicciones. No es solo una corrección en los libros de texto: de la comprensión del movimiento iónico dependen los tratamientos para la epilepsia, las arritmias y otras enfermedades en las que la «orquesta» neuronal pierde el ritmo.
La pequeña batería de la neurona funciona de manera más simple de lo que parecía. La recarga no se debe a un potasio lento, sino al propio condensador de la membrana, que se descarga más rápido y con más precisión. El viejo fantasma se disipa, y ahora la firma eléctrica del pensamiento se ve con más claridad.
El segmento inicial del axón, el lugar donde se genera el impulso nervioso, es tan pequeño que su grosor es de aproximadamente 1 micra, lo que lo hace 50 veces más delgado que un cabello humano.