Un ordenador cuántico normalmente se parece a una cadena de montaje: las operaciones van una tras otra y cada error se acumula. En el nuevo trabajo, los físicos probaron un camino diferente: una arquitectura donde el cálculo surge del propio proceso de medición. Tomaron 56 iones en una trampa y tejieron con ellos una nube tridimensional de partículas entrelazadas. Pero en lugar de almacenar toda la nube por completo, la creaban y la usaban de inmediato, como un escultor que modela una figura mientras retira el exceso de material.
Este enfoque se llama simulación basada en mediciones. Para el experimento se eligió un modelo que describe el campo de fuerza más simple en una red plana de 2×2 y 3×3. El recurso entrelazado contenía virtualmente hasta 288 cúbits, aunque en cada momento no había más de 54 en la trampa. Cada ciclo de medición no solo avanzaba la simulación, sino que también indicaba si se había violado la ley principal, análoga a la regla de que las líneas de campo no pueden romperse repentinamente.
El resultado es esperanzador: cuando se seleccionaban solo los pasos sin violaciones, la concordancia con la imagen ideal mejoraba drásticamente. La arquitectura se ocupa por sí misma de la coherencia física del resultado. Donde un cálculo cuántico ordinario habría requerido una compleja corrección de errores, la simulación basada en mediciones simplemente descarta los caminos incorrectos, como un conductor experimentado que siente el derrape y endereza el coche antes de que actúe la electrónica.
La red de 288 cúbits nunca existió completa: se ensamblaba y desensamblaba por partes, como un enorme rompecabezas donde solo se sostienen unas pocas piezas a la vez.
La idea de una realidad que se completa solo en el momento de la observación recuerda al mundo de 'Dark City', donde el propio tejido del ser cambia mientras nadie mira.