Dos electrones que salen de la punta de una aguja metálica casi al mismo tiempo comienzan a repelerse, como dos personas que intentan pasar a la vez por una puerta estrecha. Cuanto más cerca están el uno del otro, más se estorban. Por primera vez, los científicos han medido por completo esta repulsión en tres dimensiones, utilizando una aguja con una punta muy fina y pulsos láser ultracortos.
Resulta que si los electrones vuelan cerca uno del otro en la dirección transversal, sus energías difieren notablemente: se forma una "brecha" de 3,3 electronvoltios (una energía diminuta, similar a la de un fotón de luz visible). Y si tienen casi la misma energía, se separan más lateralmente: el ángulo de divergencia aumenta en un 34,5%. Estos resultados coinciden con los cálculos en los que los electrones se representaban como pequeñas esferas cargadas.
El experimento demostró que con este filtro y una selección adicional por energía se puede lograr que en el haz casi no haya electrones duplicados: de cada cien pulsos, solo dos contenían un par, conservando el 3% del haz original. Esto abre el camino a imágenes más nítidas en los microscopios electrónicos y al estudio del entrelazamiento cuántico de los electrones.
A los electrones no les gusta el hacinamiento: dos electrones que salen al mismo tiempo pueden desviarse en un ángulo notablemente mayor que si viajaran solos.