En el cristal CrSBr, los momentos magnéticos de los átomos dentro de cada capa apuntan en la misma dirección, pero entre capas apuntan en direcciones opuestas. Es como una partitura donde las notas en líneas adyacentes van en direcciones distintas. Esta melodía se mantiene hasta 132 kelvin, y luego el movimiento térmico la destruye. Los físicos han encontrado una manera de reescribir la partitura: bombardearon el cristal con iones de helio. Estos iones dejan defectos, como si insertaran pausas en la hoja de música, y las notas suenan diferente.
Para escuchar la nueva melodía, los investigadores dirigieron un láser al cristal y observaron cómo cambia la polarización de la luz dispersada. En el material original, una de las características de la luz cambia bruscamente a 132 K, marcando la transición al estado antiferromagnético. En las muestras irradiadas aparecieron dos nuevos cambios: a 40 K y a 105–110 K. El primero probablemente esté relacionado con el ordenamiento de los defectos; el segundo, con un nuevo orden magnético. Cuanto mayor es la dosis de irradiación, más fuertes son estos cambios. Tras irradiar dos veces una muestra gruesa, el material dejó por completo de ser antiferromagnético y se volvió ferromagnético: todos los espines se alinearon en una misma dirección. Antes, para lograr esto se necesitaban imanes potentes; ahora basta con bombardear el cristal con helio. Esta forma de controlar el magnetismo podría ser útil en la electrónica del futuro.
Los iones de helio utilizados para la irradiación son las mismas partículas alfa que se emiten en la desintegración radiactiva, pero aquí sirven como herramienta para modificar con precisión el material.
La idea de controlar las propiedades de los materiales mediante irradiación recuerda a las tramas de ciencia ficción donde la radiación altera la materia, pero aquí el proceso es controlado y reproducible.