En algunos cristales, los electrones no se distribuyen de manera uniforme, sino que se alternan: en un átomo hay más, en el vecino menos. Resulta un patrón parecido a un tablero de ajedrez. Ese patrón se llama orden de carga. Antes se consideraba estático, pero recientemente se descubrió que se puede invertir con un campo eléctrico, igual que el orden magnético se invierte con una corriente. Solo faltaba entender cómo lo hace exactamente el campo.
Los físicos idearon una forma sencilla de describir esta situación. Cada átomo del cristal puede estar vacío u ocupado por dos electrones a la vez. Estos dos estados se representaron con una flecha hacia arriba o hacia abajo, y la llamaron seudospín (no es un espín real, sino simplemente una etiqueta práctica). En esta descripción, el orden de carga se ve como un antiferromagneto: las flechas en átomos vecinos apuntan en direcciones opuestas. Y el campo eléctrico actúa sobre esas flechas como si las empujara en direcciones distintas.
Este descubrimiento permite controlar el orden de carga mediante un campo eléctrico. Antes no existía esa posibilidad porque no había una teoría que relacionara el campo con la conmutación del patrón. Ahora el orden de carga se puede utilizar para almacenar y procesar información, de manera similar a como hoy se usan los bits magnéticos.
La frecuencia de las excitaciones colectivas de pseudospín del orden de carga se encuentra en el rango de los terahercios, es decir, del orden de un billón de oscilaciones por segundo. Esto es un millón de veces más rápido que la frecuencia de fotogramas típica en el cine.