En una galaxia pequeña se esconde un agujero negro al que alimenta su vecina. La galaxia satélite se está fusionando lentamente con una galaxia grande, y el gas de la vecina cae hacia el centro, donde vive el agujero. No es un gigante, pero tampoco es pequeño: tiene entre ochocientas y cinco mil masas solares. El telescopio Chandra lo observó durante dieciséis años y captó solo treinta y un fotones, pero esas visitas tan escasas revelaron que el agujero está comiendo.
Los fotones llegan solo en rayos X blandos, como la luz cálida de una lámpara. Así brilla el gas que gira alrededor del agujero en un disco plano, como el agua en un remolino. Cuanto más cerca del agujero, más caliente está el gas, y con su temperatura los astrónomos han pesado al propio agujero. Resulta que el agujero come con bastante apetito, pero no a plena capacidad.
Este caso muestra cómo crecen los agujeros negros pequeños: reciben alimento de vecinos grandes durante las fusiones de galaxias. Antes esto solo se había visto en simulaciones por computadora, y ahora tenemos un ejemplo real. El método con el que se extrajo información de treinta y un fotones ayudará a encontrar otros agujeros de este tipo en futuros sondeos.
La exposición total de Chandra de 6.6 millones de segundos equivale a 76 días de observación continua. Sin embargo, la fuente produjo solo unos 31 fotones útiles, es decir, aproximadamente un fotón cada 2.5 días.
Los agujeros negros de masa intermedia son un objeto popular en la ciencia ficción; por ejemplo, en la serie 'Stargate Universe', la tripulación de la nave 'Destiny' utiliza uno de estos agujeros negros para recargarse. En el artículo se describe un candidato real que podría parecerse a los que inspiran a los guionistas.