Una ola en el agua se parece a un viajero. A veces se cansa y se dispersa por el camino, a veces avanza uniforme, y otras veces se concentra y corre más rápido. Los científicos lo probaron en una gran piscina de 50 metros de largo. Crearon una ola con forma de colina y solo cambiaron su altura, dejando el ancho igual.
Cuando la colina era baja, se dispersaba: las distintas partes de la ola corrían a velocidades diferentes y perdía su forma. Pero si ajustaban la altura con precisión, la ola avanzaba sin cambiar, como si fuera esa onda solitaria estable. Y cuando hacían la colina aún más alta, la ola empezaba a comprimirse: su cresta crecía y su base se estrechaba. El pico adelantaba al resto del grupo, como un corredor que se escapa hacia adelante.
Antes no se entendía por qué la misma ola se comporta de maneras distintas. Ahora está claro: todo se debe al equilibrio entre altura y ancho. Si se corresponden, la ola avanza uniforme. Este conocimiento ayuda a predecir olas peligrosas en el océano y a ajustar los pulsos de luz en la fibra óptica. Resulta que el viajero no solo sabe cansarse, sino también mantener la forma, y a veces concentrarse.
El canal de olas de 5 metros de profundidad asegura la condición de aguas profundas para olas con número de onda k=2.4 m⁻¹, ya que kh≥12. Las amplitudes de las olas en los experimentos variaron de 1.2 cm a 10 cm, comparable a la altura de una caja de cerillas.