Un intérprete en una negociación no escucha las palabras sueltas, sino el sentido, y por eso sigue el ritmo del habla. La búsqueda de señales gravitacionales largas funcionaba hasta ahora de otro modo: desmenuzaba cada «sílaba» del oleaje cósmico, y años de observación costaban siglos de cálculo.
Las ondas gravitacionales de binarias de agujeros negros con masa inferior a la del Sol pueden sonar en los detectores LIGO, Virgo y KAGRA durante horas e incluso años. Es posible que estos objetos nacieran en el universo temprano y formen parte de la materia oscura. Pero para captar su señal hay que recorrer un número gigantesco de plantillas, y los métodos tradicionales se ahogan.
El problema es que, tras ese recálculo, las muestras caen sobre la escala temporal de forma desigual, y el algoritmo rápido habitual no funciona. Antes se «alineaban» primero los datos y luego se transformaban, y eso consumía una cantidad enorme de operaciones. El nuevo método emplea la transformada rápida de Fourier no uniforme (NUFFT), que trabaja con muestras irregulares directamente, como un intérprete que capta el sentido sin desmenuzarlo palabra por palabra.
Las pruebas en un procesador corriente mostraron una aceleración de diez a cien veces. Para la búsqueda de agujeros negros primordiales con masas de 0.0005 a 0.1 masas solares, esto significa que el detector oye más allá del centro galáctico, y para masas superiores a 0.02 masas solares, incluso hasta la Nebulosa de Andrómeda, la galaxia vecina.
Un intérprete que oye el sentido y no las palabras sigue el ritmo de cualquier conversación. El nuevo método permite igualmente escuchar el largo susurro del cosmos sin esperar a que los ordenadores terminen el trabajo pesado.
Para un sistema con masa de chirp de 0.0005 masas solares, el cruce de la banda de 20–2000 Hz habría tardado unos dos años. Esto significa que la señal habría permanecido en el detector más tiempo que muchas misiones espaciales.