Muy por debajo de la tierra, en una mina abandonada, hay un tanque lleno de xenón líquido. Su misión es atrapar partículas invisibles que atraviesan la Tierra cada día. A lo largo de dos años y medio, el tanque sintió un solo empujón fuerte, como si alguien le hubiera dado un golpe desde dentro. Ese impacto no se parece al ruido casual, y los científicos intentan averiguar qué lo provocó.
Hay dos explicaciones posibles, como dos llaves distintas para una misma cerradura. La primera llave es pesada y se rompe al golpear: una partícula de materia oscura cambia su masa, así que los empujones débiles casi no ocurren. La segunda llave es ligera, pero vuela a una velocidad desmedida, porque nació de la desintegración de una partícula más pesada. Para distinguir las llaves, se observa con qué frecuencia se producen los empujones débiles y los fuertes.
Por ahora los científicos tienen un solo golpe, y eso es muy poco para elegir la llave correcta. Pero si el detector sigue funcionando más tiempo y capta algunos golpes más, el panorama se aclarará. Entonces el tanque en la mina podrá decir quién llama en la oscuridad.
Para la materia oscura acelerada con interacción pseudoscalar-pseudoscalar, el 22% de los eventos caen en la ventana de 225–271 keV, que es justo donde se encuentra el candidato registrado, mientras que para el operador escalar solo cae allí un 0,14%.
La idea de la materia oscura acelerada recuerda a tramas en las que partículas invisibles obtienen energía del decaimiento o la aniquilación de hermanos más pesados, como en algunos relatos sobre sectores oscuros, aunque no hay una referencia directa a una obra de ciencia ficción conocida.