
Erwin Schrödinger dio vida matemática a la superposición en 1926, formulando una ecuación donde un gato podía estar vivo y muerto hasta que se abriera la caja. Su idea surgió de la hipótesis anterior de Louis de Broglie de que las partículas se comportan como ondas.
Antes de la medición, la partícula se asemeja a una nube de probabilidad difusa. Cuando intentamos capturarla, la nube colapsa en un solo punto. Un ejemplo es el experimento de la doble rendija: un solo electrón pasa por ambas rendijas a la vez, creando un patrón de ondas en la pantalla, pero cualquier intento de observarlo destruye el patrón y deja solo una marca puntual.