Se presenta la primera medición dinámica de masa de un agujero negro supermasivo más allá del corrimiento al rojo 2, utilizando observaciones de alta resolución de la línea de emisión [C II] 158 μm en un cuásar oscurecido a z=4.6. La dispersión de velocidad del gas aumenta hacia el núcleo, lo que requiere una masa central de (6.3±0.14)×10^9 masas solares. Se resuelve la esfera de influencia, permitiendo una estimación directa de la masa. Este resultado demuestra que los cuásares oscurecidos por polvo conservan la emisión [C II] en las regiones internas, convirtiéndolos en objetivos principales para expandir las mediciones dinámicas de masa de agujeros negros supermasivos en el Universo temprano. Estas mediciones son cruciales para comprender la formación y evolución de los primeros agujeros negros masivos.
Para pesar un invisible agujero negro de 13 mil millones de años, los astrónomos recurrieron a la fuerza del remolino. La lógica es simple: cuanto más rápido gira el gas alrededor del centro de la galaxia, más masivo es el 'desagüe' gravitacional. Capturar este movimiento fue posible gracias al carbono: sus iones emiten un brillo infrarrojo que penetra incluso a través del polvo denso. Con la ayuda de la descomposición de la luz en colores, los científicos midieron la aceleración brusca de las nubes hacia el centro. El cálculo mostró: allí se esconde un gigante de 6,3 mil millones de soles.
Antes, la masa de los agujeros negros tempranos se estimaba solo de manera indirecta. Ahora se ha logrado realizar la primera 'pesada dinámica', directamente a partir del movimiento de la materia. Las galaxias polvorientas, consideradas incómodas para las observaciones, en realidad conservaron la señal como una cápsula del tiempo. Un giro inesperado: fue precisamente el polvo, que suele estorbar a los astrónomos, lo que protegió el brillo del carbono de la destrucción, convirtiendo la galaxia en un archivo ideal del universo antiguo. Ahora estos objetos son el objetivo principal para buscar a los primeros pesos pesados cósmicos.
🎯 La luz de los iones de carbono utilizada en el estudio nació apenas 1,4 mil millones de años después del Big Bang y viajó 12,8 mil millones de años luz para llegar a los telescopios.