Un astrónomo mira con su telescopio el borde del universo y ve una ondulación: las huellas de su nacimiento. Sabe que esa ondulación debería ser como la estatura de las personas en una multitud: todos son diferentes, pero en promedio es predecible. El problema es que solo hay una multitud. No hay con qué compararla.
Esto es la dispersión cósmica. La teoría dice cómo es el universo 'promedio', pero solo vemos uno. No se puede comprobar del todo, como no se puede saber la estatura promedio de las personas midiendo a una sola.
También está el multiverso: una multitud de universos que no podemos ver. Y la mecánica cuántica: una mota de polvo no se puede preparar dos veces igual, por lo que no se puede hacer un experimento honesto. Y la teoría de cuerdas: habla de diez dimensiones, pero esas dimensiones no son reales, sino como las líneas de un papel arrugado.
Los cinco enigmas se reducen a una pregunta: ¿qué significa 'existir' para las matemáticas? El autor ofrece un mapa de estos lugares. Los filósofos reciben una lista de adónde ir, y los físicos, un recordatorio de que algunos problemas no se resuelven con un nuevo instrumento.
El autor utiliza el ejemplo del billonésimo dígito de la expansión decimal de √4711: ese dígito no ha sido calculado ni escrito por nadie, pero todos los que lo calculen obtendrán el mismo resultado: un argumento a favor de la existencia objetiva de la realidad matemática. El tiempo de decoherencia de una partícula de polvo de 10 micrómetros a temperatura ambiente y presión atmosférica es de 10⁻³¹ segundos, varios órdenes de magnitud menor que el tiempo de Planck (10⁻⁴³ s).
La idea de que podríamos ser objetos matemáticos dentro de una estructura matemática fundamental resuena con la película 'Matrix', donde la realidad resulta ser una simulación, y con los relatos de Jorge Luis Borges, como 'La biblioteca de Babel', donde todos los textos posibles existen en un espacio abstracto.