Los científicos enseñan a una red neuronal a predecir números importantes en la teoría de la gravedad cuántica, algo así como un programa que reconoce rostros en fotos en vez de contar píxeles. Una red comprueba si el resultado es cero, y otra da el valor exacto. De este modo, los cálculos se aceleran enormemente. ¿Llegará algún día la máquina a saber de qué está tejido el universo?
La idea de la espuma cuántica se remonta a Roger Penrose y Carlo Rovelli: el espacio es como una espuma de jabón, donde cada burbuja es un grumo microscópico de realidad. Estas burbujas estallan y se fusionan constantemente, y para entender cómo funciona el universo en su nivel más profundo, necesitamos calcular las probabilidades de sus interacciones. Antes, esos cálculos tomaban horas incluso en computadoras potentes.
Las redes neuronales lo lograron en milisegundos. La primera red, como un meticuloso clasificador, descarta instantáneamente las opciones imposibles (donde la probabilidad es cero). La segunda —como un evaluador experimentado— da el valor exacto para el resto. Es sorprendente que filtre correctamente los ceros incluso en escenarios desconocidos, similar a cómo una persona que ha visto un par de gatos reconoce cualquier raza.
Por ahora funciona en el modelo más simple, pero abre el camino para probar hipótesis sobre el momento del Big Bang y la estructura del espacio-tiempo curvado dentro de los agujeros negros. Así, la espuma de jabón nos acerca a desentrañar el nacimiento del universo.
🎯 La idea de que el espacio podría no ser continuo, sino estar compuesto de granos diminutos, se remonta a los atomistas de la antigua Grecia. En la física moderna, fue revivida por [scientist:John Archibald Wheeler]John Wheeler[/scientist], quien acuñó el término «espuma cuántica».
🎬 En la novela «Visión ciega», los alienígenas se comunican instantáneamente gracias a la naturaleza cuántica del espacio. Quizás, comprender la espuma cuántica convierta esta fantasía en realidad.