Ya se han demostrado procesadores cuánticos superconductores con cientos de cúbits, pero un mayor escalamiento se ve limitado por el tamaño y la capacidad de enfriamiento de los criostatos de dilución. La solución reside en una red cuántica que interconecte los cúbits en distintos criostatos mediante convertidores de microondas a ópticas para una transmisión con pocas pérdidas. A pesar de haberse creado convertidores eficientes y de bajo ruido, aún no existía un enlace fotónico coherente entre criostatos. En este trabajo se demuestra por primera vez la transmisión coherente de señales entre dos circuitos superconductores en criostatos separados, usando un par de convertidores electro-ópticos de AlN con frecuencias acopladas y una fibra óptica de 1 km. Con una eficiencia superior al 0,1% por nodo, se logra una mejora de 80 dB respecto a los moduladores comerciales, lo que abre el camino a líneas de comunicación cuántica y establece los principios para diseñar redes cuánticas fotónicas escalables.
Cada procesador cuántico es una isla en un mar de temperaturas ultrafrías. Se comunica mediante un susurro de microondas que se desvanece a los pocos centímetros — el ruido térmico lo ahoga. Para conectar dos de estas islas, los físicos construyeron un puente: en ambos lados colocaron cristales convertidores, ajustados a la misma frecuencia, y entre ellos tendieron un kilómetro de fibra óptica, igual a la de los cables de internet comunes. El cristal convierte las microondas en luz roja, que corre por la fibra a la velocidad de la luz, y en la orilla lejana, el segundo cristal la devuelve al susurro original, exactamente igual. La esencia cuántica no sufrió daño.
La eficiencia de conversión es solo del 0,1%, pero el susurro desde un kilómetro se vuelve cien millones de veces más fuerte que sin el puente. Así, las islas cuánticas dispersas se entrelazan en una red única: el internet cuántico.
🎯 La luz recorre un kilómetro en 3 microsegundos: más rápido que un parpadeo.
🎬 Este puente cuántico es como un ansible de la ciencia ficción: conecta no planetas, sino procesadores cuánticos.