Se analiza la paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen (EPR): conociendo el momento exacto de una partícula sin medición, y luego midiendo la posición, se podrían obtener valores de ambas magnitudes, lo que contradice el principio de incertidumbre de Heisenberg. Sin embargo, se demuestra que la paradoja no surge si se tiene en cuenta correctamente la esperanza condicional cuántica tras la medición, o bien se emplea el estado post-medición de von Neumann. Estos dos métodos son equivalentes. En cada uno de ellos, la predicción viene dada por una función de valor operador de los observables involucrados en la medición. Tal formalismo garantiza automáticamente la preservación de las restricciones de incertidumbre.
Fotografía de una bala voladora: con una exposición corta, posición nítida pero velocidad borrosa; con una larga, trayectoria definida pero posición desenfocada. En el mundo cuántico, esto no es un defecto del equipo, sino una ley fundamental descubierta por Werner Heisenberg. Albert Einstein ideó un truco. Tomemos dos partículas nacidas en un mismo acto, como dos instantáneas en un solo fotograma. Si medimos la velocidad de la primera, la segunda revelará la misma velocidad. Si luego medimos la posición de la segunda, parecerá que conocemos ambos parámetros. Pero en el momento de medir la posición, la conexión se rompe: la información sobre la velocidad desaparece, como si el laboratorio fotográfico hubiera velado una copia terminada. Nuevos cálculos ponen punto final: no se puede engañar a la incertidumbre cuántica.
La naturaleza es sabia: al prohibir una cosa, abre otra.
🎯 Aunque Einstein dudó de la mecánica cuántica hasta el final de su vida, su paradoja ayudó a desarrollar la teoría del entrelazamiento cuántico, base de las computadoras cuánticas.