Imagina que tras una colisión cósmica de dos mundos, su material se estratificó como aceite y agua: el material más ligero de la proto-Tierra quedó en el exterior, y el material del impactador en el interior. Así, la Luna adquirió un aspecto terrestre, aunque por dentro es diferente. ¿Podría esto explicar por qué no vemos rastros de otro planeta?
La colisión que dio origen a la Luna desconcertó durante mucho tiempo: según todos los cálculos, en la nube de polvo cósmico tras el impacto predominaba el material de Tea. Sin embargo, cuando los científicos tomaron las huellas químicas de las rocas lunares, estas resultaron casi indistinguibles de las terrestres. Es como si la Luna mostrara un pasaporte terrestre, pero su maleta estuviera llena de objetos extraños.
La clave está en una estratificación oculta. Si Tea era más rica en hierro, su material era más denso. La Luna recién nacida era una esfera de roca fundida. Al enfriarse, los fragmentos pesados de Tea se hundieron, mientras que los ligeros terrestres flotaron y se solidificaron formando la corteza. Así, la capa superior heredó la composición de la Tierra, pero el 'relleno' conservó su origen foráneo. Si pudiéramos perforar la Luna de lado a lado, tras la corteza familiar aparecería una capa de material del planeta desaparecido.
Es probable que procesos similares ocurrieran en otros cuerpos de la galaxia, ocultando en sus profundidades la historia de catástrofes cósmicas.
🎯 Si los astronautas perforaran la Luna lo suficiente, se toparían con una capa de composición química completamente ajena: un verdadero saludo de la desaparecida Tea.
🎬 Como en la novela de Julio Verne 'Viaje al centro de la Tierra', la Luna podría esconder en su interior otro mundo, no ficticio, sino un fragmento real del planeta desaparecido.