Alrededor de un par de estrellas que giran estrechamente, partículas ultraligeras pueden agruparse formando una especie de 'molécula' gigante. Cuando las estrellas se acercan, esta estructura comienza a perder partículas (ionizarse), lo que influye más en su órbita que las ondas gravitacionales. Es como si una nube, al acelerar, se sacudiera gotas de sí misma, solo que aquí esto cambia la danza de las propias estrellas.
Un par de estrellas girando en órbitas alargadas actúa como un núcleo gigante, y la nube de materia oscura a su alrededor, como la nube electrónica en una molécula. Esta «molécula gravitacional» se extiende miles de millones de kilómetros, más que la distancia del Sol a Plutón. Su tamaño está determinado por un análogo del radio de Niels Bohr, familiar del átomo de hidrógeno.
El movimiento de las estrellas agita esta nube, arrancándole partículas, un proceso similar a la ionización de un átomo. Debido a la pérdida de partículas, la órbita de la pareja se redondea gradualmente: la elipse se convierte en un círculo. Notablemente, en las etapas iniciales este efecto puede superar la emisión de ondas gravitacionales, dejando una ruptura característica en su fondo.
🎯 El radio de esta «molécula gravitacional» puede superar la distancia del Sol a Plutón, aunque el propio concepto de radio proviene del mundo microscópico.