Cada cúbit brilla con apenas unos cientos de fotones. El algoritmo, inspirado en los editores de fotos, adivina el estado a partir de imágenes ruidosas. Las computadoras cuánticas dejan de esperar y empiezan a calcular, con 35 veces menos errores.
🎯 Cada cúbit emite solo un puñado de fotones, la misma cantidad de luz que el ojo capta de una estrella apenas visible. Es precisamente esta señal microscópica la que GANDALF amplifica.