Después del nacimiento de la Luna, la Tierra era un océano de magma bajo una densa envoltura gaseosa. Los científicos tuvieron en cuenta por primera vez la retroalimentación entre el calentamiento por mareas de la Luna cercana y el estado redox del interior. Resultó que esta conexión prolonga la vida del magma de 30 a 500 millones de años, y los períodos de equilibrio térmico del planeta duran hasta 320 millones de años. Es interesante que las mareas débiles enriquecieron la atmósfera con sulfuro de hidrógeno y amoníaco, creando un desequilibrio químico — como si la Tierra antigua 'cocinara' el aire según una receta lunar.
Después del nacimiento de la Luna, la Tierra parecía un bulto de masa ardiente: magma líquido y una densa capa de gases. La Luna actuaba como una cuchara gigante, amasando sin cesar ese bulto con su gravedad. La fricción generaba calor, retrasando el enfriamiento. Los científicos calcularon que, según la fuerza de las mareas y el contenido de oxígeno en su interior, el océano de roca fundida perduró entre 30 y 500 millones de años. Con poco oxígeno, el carbono se convertía en monóxido de carbono. Con exceso, el vapor de agua envolvía el planeta como un paño de cocina, conservando el calor. Las mareas débiles añadían a la mezcla gases ricos en hidrógeno, como amoníaco y sulfuro de hidrógeno. Al final, la Tierra, como masa sobre la mesa, alcanzaba el equilibrio: tanta energía entraba como salía. Estos períodos duraron hasta 320 millones de años. Si la fricción de marea hubiera sido más débil, el océano se habría solidificado en 30 millones de años, y una corteza sólida habría aparecido 500 millones de años antes, lo que podría haber cambiado toda la historia del planeta.
🎯 El océano de magma en la Tierra duró más que el tiempo transcurrido desde los primeros dinosaurios hasta hoy: casi 500 millones de años.