Para un cifrado robusto se necesitan números aleatorios, pero las fuentes reales de aleatoriedad a menudo producen secuencias predecibles. Los físicos han demostrado cómo un ordenador cuántico convierte esa señal débil en una casi ideal, incluso si está comprometida. El secreto está en un procedimiento ultrarrápido: el atacante tiene solo 30 milisegundos para falsificar, y su ubicación se limita a un radio de 4500 km. Es como purificar la aleatoriedad a distancia.
La criptografía moderna no se concibe sin números verdaderamente aleatorios. Pero la fuente estándar puede ser poco fiable o incluso estar manipulada deliberadamente. La solución la propusieron unos experimentadores que construyeron un procesador cuántico de 98 iones: funciona como un filtro de alta velocidad, convirtiendo una señal «sucia» en algo cristalino e impredecible. En la base están los descubrimientos de John Bell, Alain Aspect y Anton Zeilinger sobre el entrelazamiento cuántico, esa conexión instantánea entre partículas a cualquier distancia. Los iones dentro del procesador se entrelazan y luego se miden en un orden aleatorio que solo se conoce milisegundos antes de la medición. Debido a la velocidad de la luz, cualquier intervención desde más de 4500 km no llegaría al procesador en los 30 milisegundos disponibles. Incluso un superordenador situado justo al lado de la fuente sería incapaz de colar un dato falso. Así, un flujo débil y predecible adquiere una alta entropía, la medida de la impredecibilidad. El experimento realizó esta purificación de forma remota por primera vez, confirmando que solo podemos confiar en la aleatoriedad cuando se apoya en los cimientos del Modelo Estándar y sus leyes cuánticas.
🎯 Antes, para amplificar la aleatoriedad, la fuente y el medidor debían estar en el mismo laboratorio. Aquí se ha hecho de forma remota por primera vez, abriendo el camino a la criptografía cuántica global.