En el mundo cuántico todo es reversible, pero se observan fenómenos irreversibles. Una nueva investigación reveló cómo se desvanece la información cuántica en un sistema de espines y, sorprendentemente, descubrió que el desorden no la destruye, sino que la protege, como en una multitud donde grupos caóticos se vuelven almacenes confiables. ¿Se puede usar ese "desorden" para crear dispositivos cuánticos de larga duración?
En la vida cotidiana, el orden conserva, el desorden destruye. Con la información cuántica es al revés. En el diamante, los electrones y los núcleos de carbono actúan como pequeños imanes que guardan un susurro. Los electrones chismosos lo propagan al instante; los núcleos lo pasan por la cadena lentamente. Pero las imperfecciones del cristal forman callejones sin salida donde no entra la fuga de información: allí el susurro vive cientos de veces más.
Con pulsos de luz (espectroscopia óptica, espectroscopia) se puede silenciar el chisme o frenar la cadena. El crecimiento de la entropía, medida del caos, suele destruir el orden. Sin embargo, el desorden local levanta una barrera contra el colapso global. Esto ya lo meditaban Schrödinger y von Neumann. Conclusión: la memoria cuántica duradera no requiere pureza estéril, sino caos dosificado.
🎯 A temperatura ambiente, estos estados cuánticos decaen en milisegundos, pero en el experimento descrito, el tiempo de vida se multiplicó por cientos gracias a «bolsas» aisladas en el cristal.