Diminutos agujeros negros del universo temprano pueden causar su expansión acelerada, como burbujas en un queso suizo. Los más ligeros inflan el cosmos, y los más masivos podrían explicar la misteriosa discrepancia en las mediciones de la velocidad de expansión. ¿Y si la antigua oscuridad oculta los resortes del universo?
En 1929, Edwin Hubble descubrió que las galaxias se alejan: el Universo se expande como masa de pan que leuda. Hoy sabemos que crece cada vez más rápido, y normalmente al acelerador lo llamamos energía oscura. Pero los físicos han demostrado que no la empujan fuerzas desconocidas, sino diminutos agujeros negros, nacidos justo después del Big Bang.
En el nuevo modelo, estos agujeros primordiales tienen un núcleo repulsivo en lugar de un punto destructivo. Los ultraligeros hicieron de levadura: inflaron el Universo en los primeros instantes. Los agujeros con masa de asteroide, pero comprimidos al tamaño de un protón, siguen funcionando, imitando la energía oscura. Así resuelven la famosa controversia sobre la tasa de expansión — revelada por las observaciones de Adam Riess y otros.
🎯 Un agujero negro con la masa de un asteroide, comprimido al tamaño de un protón. Se evapora más rápido que un destello de luz, pero puede inflar todo el Universo.