El vacío no siempre está vacío: puede ocultar energía, como el agua superenfriada esconde hielo. Los físicos llaman a esto falso vacío, un estado que solo necesita un empujón para transitar en cascada hacia el verdadero. En el experimento, el papel del agua lo desempeñó un anillo de átomos de Rydberg, partículas gigantes que responden a campos eléctricos como antenas.
Al cambiar el campo externo, los científicos provocaron el nacimiento de burbujas de vacío verdadero. La velocidad de desintegración disminuía según una ley estricta, común para átomos y el Universo, predicha por Alan Guth. Pero bastaba con cometer un mínimo defecto en la configuración para que la regularidad se rompiera. Resultó que las burbujas también pueden surgir por resonancia: cuando la frecuencia de los empujones coincidía con la diferencia entre el estado viejo y el nuevo.
Si tal transición ocurriera en el cosmos, una burbuja de vacío verdadero se expandiría a la velocidad de la luz, reescribiendo instantáneamente las leyes de la naturaleza. Por ahora, nuestro vacío es estable, pero el experimento permite por primera vez asomarse al escenario del fin del mundo, y entender cuán lejos está nuestra 'agua' cósmica de congelarse.
🎯 Los átomos de Rydberg son tan grandes que dos de ellos, separados por cien micrómetros, experimentan interacción; es como si dos personas sintieran atracción a través de un campo de fútbol.
🎬 La idea del falso vacío inspiró a Greg Egan para escribir la novela 'La escalera de Schild', en la que un experimento físico desencadena accidentalmente la transición de todo el Universo a un nuevo estado.