Los vortones son cuerdas cósmicas cerradas con corriente, posibles portadores de materia oscura. Analizando el movimiento de partículas en su espacio-tiempo curvado, los científicos encontraron trayectorias tanto regulares como caóticas, dependiendo de la tensión de la cuerda. La precesión calculada de los giroscopios muestra características inusuales: divergencias cerca del anillo y una estructura con varios mínimos, que recuerda a las singularidades desnudas más que a los agujeros negros. Estas «huellas gravitacionales» podrían delatar la presencia de vortones en las observaciones. Al igual que un arrecife invisible se manifiesta en las olas, estos objetos podrían detectarse por las perturbaciones en las órbitas estelares.
Los vortones son anillos cósmicos invisibles, bucles cerrados de espaciotiempo curvado. Más finos que un átomo pero más pesados que las estrellas, estos vestigios del Big Bang giran como tiovivos gigantes, arrastrando todo a su alrededor. Las ecuaciones de Einstein describen cómo las partículas bailan cerca de tal anillo: las trayectorias ora se enroscan en espirales, ora se agitan caóticamente. Incluso la luz cambia de dirección, delatando el anillo fantasmal.
Un efecto especial es el arrastre del espacio: el anillo giratorio arrastra los cuerpos vecinos, haciendo que sus ejes roten como un sacacorchos invisible. En los mismos bordes, el anillo muestra propiedades consideradas más exóticas que las de los agujeros negros. A diferencia de ellos, los vortones no absorben la luz, sino que solo la distorsionan, como una lente invisible gigante: una estrella lejana puede de repente multiplicarse en varios dobles fantasmales.
Estas propiedades convierten a los vortones en candidatos ideales para la materia oscura, cuya larga búsqueda fue liderada por Vera Rubin y Fritz Zwicky. Observando las distorsiones de la luz de estrellas lejanas, los astrónomos esperan atrapar estos anillos invisibles y, quizás, demostrar que la materia oscura no está compuesta de partículas.
🎯 Una cuerda cósmica es miles de millones de veces más fina que un átomo, pero un kilómetro de esa cuerda pesa como una montaña. Si atravesara la Tierra, no tocaría ni una sola partícula, solo haría que el planeta temblara ligeramente.