En el Universo temprano, el campo de Higgs pudo haber experimentado una transición de fase, similar a la ebullición del agua, formando burbujas de vacío. Las colisiones de estas burbujas funcionaron como un supercolisionador natural, acelerando partículas a energías inalcanzables en laboratorios. Esto permite crear partículas superpesadas, como la materia oscura. ¿Qué otros secretos esconden estas colisiones cósmicas?
Recién nacido tras el Big Bang, el universo burbujeaba como un refresco recién servido. Todo el espacio estaba lleno de burbujas: regiones de nuevo vacío, el mismo que obedece al Modelo Estándar, desplazaban el anterior estado inestable. Las paredes de estas burbujas se aceleraban casi hasta la velocidad de la luz, y en los choques frontales se aplastaban y estallaban, liberando una energía colosal.
Estas colisiones actuaban como un grandioso acelerador natural: en el punto de impacto nacían partículas de masa inimaginable. Entre ellas, candidatas a la materia oscura y los hipotéticos neutrinos derechos. Estos últimos, al desintegrarse, generaron un microscópico exceso de materia sobre antimateria, el mismo a partir del cual más tarde se formaron galaxias, estrellas y nosotros. Fue la única vez que la naturaleza encendió un colisionador tan potente: esas condiciones no se repitieron, y los resultados los vemos hoy en forma de galaxias y materia oscura.
🎯 Algunas de las partículas que nacieron podían pesar como un grano de sal: en el mundo de las partículas elementales es un récord absoluto, ya que un protón normal es trillones de veces más ligero.
🎬 En la ciencia ficción, la desintegración del vacío suele representarse como una catástrofe cósmica; por ejemplo, en la novela 'Vacuum Diagrams' de Stephen Baxter. Sin embargo, en realidad, ese mismo proceso posiblemente dio origen a todo lo que existe.