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El desorden en el mundo cuántico puede generar un líquido que fluye sin fricción.
Abstract
Normalmente, el desorden impide que las partículas se muevan ordenadamente, pero en un sistema con tres niveles de energía por nodo, crea caminos resonantes. En un procesador cuántico, los científicos vieron cómo el desorden transforma un aislante en un superfluido, como atascos que se convierten en carriles rápidos. ¿Acaso el caos da origen al orden?
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Las partículas cuánticas en un entorno con fuerte desorden se comportan como bailarines que ejecutan pasos sincronizados: cada uno conoce su movimiento y no choca con los demás. Precisamente este flujo coordinado sin fricción —la superfluidez— surgió inesperadamente en un experimento con un chip cuántico superconductor. Los científicos modelaron un sistema donde cada partícula tenía tres «pisos» de energía y observaron su respuesta mediante un método similar a la espectroscopía, el análisis de qué energías se absorben, como cuando la luz se descompone en un arcoíris.
Bajo un fuerte caos, nació una fase superfluida que recuerda al comportamiento del helio enfriado casi hasta el cero absoluto. Normalmente, la medida del desorden —la entropía— solo aumenta, pero aquí el caos cuántico generó orden. Este efecto puede manifestarse en diversos materiales, desde superconductores de alta temperatura hasta átomos ultrafríos. Además, resultó que la superfluidez en el desorden puede ser más estable que en sistemas perfectamente limpios, como si la suciedad fortaleciera el flujo.
🎯 En el «baile» superfluido de las partículas, el sonido no se apaga: dura eternamente, como una música sin final.