En el modelo cuántico abierto de Dicke, donde un conjunto de espines intercambia energía con un modo vibracional y un reservorio externo, se estudió el efecto cuántico Mpemba: la aceleración paradójica de la relajación de un estado más excitado. Se dedujo un criterio suficiente para su aparición, basado en la coherencia cuántica. Se descubrió un fenómeno de "cambio de roles": al modificar los parámetros del sistema, el orden de relajación de dos estados se invierte, es decir, decae más rápido el que antes decaía más lento. El efecto se confirmó para varias medidas, incluyendo la diferencia de coherencias cuánticas, el entrelazamiento y la distancia de traza.
Dos vasos de agua: uno abrasadoramente caliente, el otro apenas tibio. El tibio debería enfriarse primero, pero en los años 60 un estudiante de Tanzania notó que el helado caliente se congelaba más rápido. A esta paradoja la llamaron efecto Mpemba. Recientemente, los físicos encontraron su análogo cuántico. Aquí, en lugar de temperatura, se mide el desorden, la entropía, y la «coordinación» cuántica de las partículas. Los científicos consideraron un grupo de átomos que intercambian energía con la luz (que siempre viaja a su velocidad invariable), como bailarines que siguen un ritmo común. Cuanto más sincronizado es su baile, más rápido se «enfría» el sistema hacia el equilibrio. Pero la mayor sorpresa es que los roles pueden intercambiarse. Con solo ajustar un poco los parámetros, el bailarín sincronizado empieza a perder el paso, y el lento toma el liderazgo. El efecto Mpemba clásico sigue sin explicación, aunque lo observamos desde hace medio siglo. Y la versión cuántica aún no se ha visto en experimentos, solo se ha deducido en papel. El control de estos saltos de enfriamiento será útil para disipar calor en microchips y computadoras cuánticas.
🎯 Ironía del destino: el efecto Mpemba común aún no tiene una explicación unificada; se culpa a la evaporación, la convección, el sobreenfriamiento. Mientras que su gemelo cuántico ya se ha aprendido a invertir.