Tanto geólogos como navegantes necesitan mediciones precisas de la gravedad. Pero los gravímetros convencionales son aparatos voluminosos que tardan en "asentarse" después de cada medición. ¿Y si hay que monitorear cambios rápidos en la atracción, por ejemplo, bajo tierra o en vuelo? Entonces se necesita un instrumento pequeño y receptivo.
Los autores del artículo proponen construir ese instrumento en un solo chip. La base es un qubit superconductor, un "interruptor" cuántico que responde con sensibilidad al flujo magnético a través de su lazo. Junto al qubit se suspende una viga diminuta; bajo el peso, se flexiona ligeramente, y esa flexión altera el flujo magnético en el lazo. La frecuencia del qubit se desplaza, y a partir de ese desplazamiento se puede calcular la gravedad.
El truco clave es cómo leer la señal. El qubit pierde rápidamente su "fase" cuántica debido a la vibración de la viga, pero si se mide en los momentos en que la viga vuelve a su posición original, el ruido casi desaparece. Este muestreo estroboscópico permite alcanzar sensibilidades de cientos a miles de nanogales por raíz de hercio con tiempos de medición inferiores a un milisegundo.
El dispositivo se puede ajustar eléctricamente y calibrar con una señal de microondas, sin necesidad de patrones mecánicos. Esto abre el camino a gravímetros compactos, rápidos y precisos en un chip, para trabajos de campo y navegación autónoma.
Un nanogal equivale aproximadamente a una milmillonésima de la aceleración de la gravedad. Esa diferencia la produce una capa de agua de tres centímetros de espesor bajo el instrumento.
En la película "Interstellar", los protagonistas usan anomalías gravitacionales para navegar; un gravímetro de chip podría ser el primer paso hacia un dispositivo de bolsillo que detecte los más mínimos cambios en la atracción en tiempo real.