Debido a la gravedad, los relojes a distintas alturas marchan a diferentes velocidades. Científicos idearon un dispositivo donde pulsos de luz guardados en una memoria cuántica a dos niveles interfieren. Esta interferencia es muy sensible a la diferencia de altura, desde unos pocos metros hasta cien. Imagina dos mitades de un mismo fotón trepando a alturas distintas y que al reencontrarse revelan los secretos del tiempo.
El tiempo fluye más lento cerca del suelo que en el techo — así lo predijo Einstein en la teoría de la relatividad. Para notar esa diminuta diferencia, los físicos proponen usar un par de fotones, enlazados como las voces de un dúo. Las partículas se envían a dos trampas de luz a distinta altura, donde esperan hasta que el tiempo diverge para ellas. Luego se liberan y se combinan en un dispositivo Hong-Ou-Mandel. Si los fotones están sincronizados, se anulan mutuamente y el detector permanece en silencio — como dos diapasones al unísono. Pero la gravedad cambia la frecuencia (el color) de la luz, rompiendo la armonía. Para amplificar el efecto, no se usa un par, sino un conjunto de muchas partículas. Así, la más mínima desafinación se nota mejor — un coro suena más que un solista.
Este método acerca la comprobación de la física cuántica en el espacio-tiempo curvado directamente al laboratorio.
🎯 En un año, la diferencia de tiempo entre un sótano y un ático es menos de una milmillonésima de segundo; el nuevo método la hace notoria en un par de segundos.
🎬 En la película «Interstellar», el tiempo se ralentiza drásticamente cerca de un agujero negro; aquí tenemos un modesto pero real eco de laboratorio.