Imagina un planeta tan cerca de la estrella que su cara diurna es un océano de roca fundida. Pero las fuerzas de marea de la estrella agitan este océano desde dentro, creando olas gigantes de lava. Estas olas, al chocar, hacen que el planeta titile de forma impredecible, como la llama de una vela al viento.
El planeta, cuya órbita es ligeramente alargada, en cada giro se zambulle más cerca de la estrella y luego se aleja. La atracción variable lo calienta, y las rocas sólidas se funden, convirtiéndose en un océano de lava.
En el lado nocturno, la corteza solidificada hace las veces de costa. Las olas de marea chocan contra ella, se entrechocan y crean manchas calientes errantes. Por eso el brillo del planeta titila de forma impredecible, como la llama de una vela. La altura de las olas alcanza varios kilómetros: son murallas de roca que se deslizan lentamente por la extensión incandescente.
🎯 La temperatura de estos océanos de lava es más alta que en un horno de fundición: alrededor de 3000 grados Celsius.
🎬 Mundos de lava como Mustafar de «Star Wars», debido a las mareas, resultan aún más turbulentos que en la ficción.