Usando datos del telescopio espacial WISE en el infrarrojo medio, los científicos han establecido límites estrictos al posible 'calor tecnogénico' de hipotéticas megaestructuras como las esferas de Dyson en galaxias cercanas. El límite superior mediano para tal luminosidad fue de aproximadamente (5–9)×10⁸ veces la solar, una cantidad ínfima incluso para una galaxia entera. Para la Vía Láctea, la fracción de este tipo de radiación no puede superar cerca del 2% de la energía total de las estrellas, y entre las galaxias vecinas no más de una de cada 6500 podría convertir más del 21% de la luz estelar en calor a 300 K. La búsqueda es como intentar divisar la llama de una vela junto a un faro al otro lado del océano.
Cualquier aparato, desde una tostadora hasta un teléfono inteligente, se calienta al funcionar. Es el resultado inevitable de la conversión de energía: siempre queda una huella térmica, como la de una hornilla caliente después de cocinar. La ley de la entropía también se aplica a las galaxias: si allí viven civilizaciones avanzadas que procesan la luz de estrellas enteras, deberían «brillar» con calor infrarrojo, como una cocina donde algo se cocina a fuego lento las 24 horas.
Los astrónomos apuntaron a miles de galaxias cercanas el telescopio WISE, que justamente ve el calor. Mediante la fotometría —la medición del brillo en diferentes tonos de radiación térmica— compararon el resplandor real con el que emiten las estrellas viejas comunes. Los «puntos calientes» naturales, como el polvo alrededor de los agujeros negros, se excluyeron de antemano. Resultado: ninguna galaxia mostró un exceso evidente.
Conclusión estricta: no más del 0.016% de las galaxias cercanas pueden albergar civilizaciones que conviertan en calor al menos una quinta parte de la luz estelar. El universo parece sospechosamente fresco, como una cocina después de que se van los inquilinos, dejándonos en soledad.
🎯 La temperatura de 300 Kelvin que buscaban equivale a unos cómodos 27 °C. Es curioso que el cuerpo humano emita aproximadamente el mismo calor que una bombilla de cien vatios. De una civilización galáctica, en cambio, se esperaba un resplandor cientos de billones de veces más potente.
🎬 La búsqueda de estructuras de ingeniería de razas alienígenas es un tema popular en la ciencia ficción. Por ejemplo, en la novela de Iván Efrémov «La nebulosa de Andrómeda», los protagonistas encuentran una civilización desaparecida por su radiación residual.