Los astrónomos buscaron en la luz infrarroja el calor que podrían emitir civilizaciones muy avanzadas (como el calentamiento de un enorme centro de datos) en galaxias cercanas. Resultó que este brillo 'tecnogénico' es increíblemente débil: no supera un par de por ciento de la luz estelar normal. ¿Será que realmente estamos solos si no se ven huellas evidentes de inteligencia?
Cualquier aparato, desde una tostadora hasta un teléfono inteligente, se calienta al funcionar. Es el resultado inevitable de la conversión de energía: siempre queda una huella térmica, como la de una hornilla caliente después de cocinar. La ley de la entropía también se aplica a las galaxias: si allí viven civilizaciones avanzadas que procesan la luz de estrellas enteras, deberían «brillar» con calor infrarrojo, como una cocina donde algo se cocina a fuego lento las 24 horas.
Los astrónomos apuntaron a miles de galaxias cercanas el telescopio WISE, que justamente ve el calor. Mediante la fotometría —la medición del brillo en diferentes tonos de radiación térmica— compararon el resplandor real con el que emiten las estrellas viejas comunes. Los «puntos calientes» naturales, como el polvo alrededor de los agujeros negros, se excluyeron de antemano. Resultado: ninguna galaxia mostró un exceso evidente.
Conclusión estricta: no más del 0.016% de las galaxias cercanas pueden albergar civilizaciones que conviertan en calor al menos una quinta parte de la luz estelar. El universo parece sospechosamente fresco, como una cocina después de que se van los inquilinos, dejándonos en soledad.
🎯 La temperatura de 300 Kelvin que buscaban equivale a unos cómodos 27 °C. Es curioso que el cuerpo humano emita aproximadamente el mismo calor que una bombilla de cien vatios. De una civilización galáctica, en cambio, se esperaba un resplandor cientos de billones de veces más potente.
🎬 La búsqueda de estructuras de ingeniería de razas alienígenas es un tema popular en la ciencia ficción. Por ejemplo, en la novela de Iván Efrémov «La nebulosa de Andrómeda», los protagonistas encuentran una civilización desaparecida por su radiación residual.