Pregúntale a una sartén: después de cocinar siempre queda calor. Los astrónomos «palparon» miles de galaxias en rayos infrarrojos, buscando inteligencia extraterrestre por el exceso de calor. Resulta que, si alguien convierte estrellas enteras en calefactores, son casi imperceptibles. El cosmos está sospechosamente frío.
🎯 La temperatura de 300 Kelvin que buscaban equivale a unos cómodos 27 °C. Es curioso que el cuerpo humano emita aproximadamente el mismo calor que una bombilla de cien vatios. De una civilización galáctica, en cambio, se esperaba un resplandor cientos de billones de veces más potente.
🎬 La búsqueda de estructuras de ingeniería de razas alienígenas es un tema popular en la ciencia ficción. Por ejemplo, en la novela de Iván Efrémov «La nebulosa de Andrómeda», los protagonistas encuentran una civilización desaparecida por su radiación residual.