Al comparar simulaciones cosmológicas (IllustrisTNG) con datos de núcleos galácticos y ondas gravitacionales de nanohercios, los científicos descubrieron que para explicar el déficit de masa estelar observado en los centros (déficit de masa del núcleo), la dispersión de estrellas durante el acercamiento de los agujeros negros debe ocurrir 1,6 veces más rápido que en los modelos. Sin embargo, incluso en el mejor de los casos, esto no es suficiente para crear una caída en el fondo de ondas gravitacionales a bajas frecuencias. Por lo tanto, el gas es el que hace el trabajo principal, y existe la posibilidad de ver estos sistemas como núcleos galácticos activos dobles antes de la fusión.
En los centros de casi todas las galaxias se esconden agujeros negros, gigantes invisibles. Cuando dos galaxias chocan, sus agujeros negros forman una pareja condenada a bailar uno alrededor del otro. Pero para fusionarse en uno solo, necesitan acercarse desde una distancia inmensa hasta unos pocos kilómetros, desatando en el último instante una explosión de ondas gravitacionales. Las estrellas, como una multitud de invitados en un baile, empujan a la pareja con su gravedad, pero la pista se vacía pronto: hay pocas estrellas en el centro y el baile se detiene. Todo lo decide el gas, como una música invisible que llena la sala. Roza con los agujeros negros, quitándoles energía y forzándolos a acercarse más deprisa. Las simulaciones muestran que sin esa fricción gaseosa, incluso los cálculos más optimistas de empujones estelares no explican el zumbido gravitacional que captan nuestros instrumentos. Y aquí surge la sorpresa: ese mismo gas, al acelerar la fusión, se calienta hasta miles de millones de grados y brilla más que todas las estrellas de la galaxia juntas. Es decir, podemos ver esas parejas en los telescopios como dos corazones ardientes mucho antes de que se fundan en uno solo.
🎯 Los agujeros negros supermasivos pueden ser miles de millones de veces más pesados que el Sol, pero al fusionarse generan ondas gravitacionales con períodos de años; este 'zumbido' se capta comparando los ritmos de púlsares en toda la Galaxia, que se convierte así en una antena gigante.