Los astrónomos se asomaron a la «cuna» de dos estrellas en formación, separadas por 200 unidades astronómicas. Allí encontraron una auténtica «sopa» de moléculas orgánicas complejas, precursoras de la vida. Lo asombroso es que la composición química de ambas estrellas resultó casi idéntica, como si hubieran heredado los mismos ingredientes de la nube madre. ¿Quizás así se transmite la «receta de la vida» en los sistemas estelares?
En el vivero estelar HOPS-288, donde se forman tres soles, el telescopio ALMA reveló dos regiones calientes alrededor de un par de ellas. A –170°C, el hielo del polvo cósmico se derrite y en el gas se desencadenan reacciones: nacen moléculas orgánicas como metanol y formiato de metilo. Este último da aroma a frambuesa; en la nube cósmica a 1300 años luz de nosotros flota un familiar olor afrutado.
Gracias a la espectroscopia —los científicos identifican moléculas por sus señales de radio, como si fueran huellas dactilares— se logró demostrar que los «ingredientes» coinciden. Si esto es estándar en sistemas binarios, la búsqueda de vida se facilita.
🎯 El formiato de metilo, un éster presente en la nube HOPS-288, se utiliza en la Tierra como aromatizante alimentario con olor a frambuesa.