El cristal de RbMn6Bi5 se asemeja a un edificio de cinco plantas de átomos de manganeso, donde los inquilinos de cada piso forman un pentágono. A temperatura ambiente, los momentos magnéticos de los átomos oscilan caóticamente, como las agujas de brújulas durante una tormenta magnética. Pero basta con enfriar el cristal por debajo de cierta temperatura para que las agujas se congelen de repente en un orden estricto. Este orden, como descubrieron los investigadores mediante resonancia magnética nuclear, resultó ser inesperadamente intrincado.
En lugar de una simple alternancia norte-sur, los momentos magnéticos en las esquinas del pentágono apuntan en direcciones distintas, formando un patrón complejo. El átomo de manganeso central, mientras tanto, no porta ningún momento magnético, como si en el centro de un carrusel hubiera un poste inmóvil alrededor del cual giran los asientos. Este patrón contradice los modelos anteriores que suponían ondas uniformes de magnetización.
Lo más interesante ocurre junto a este orden. Incluso cuando el cristal ya está enfriado, permanecen fuertes fluctuaciones magnéticas, como si un carrusel congelado siguiera temblando ligeramente. Según los científicos, estas fluctuaciones podrían actuar como pegamento para los electrones: a alta presión, ayudan a los electrones a unirse en pares, lo que conduce a la superconductividad. Esto recuerda al mecanismo que opera en los famosos superconductores de alta temperatura basados en cobre y hierro.
Así, el material de manganeso se sitúa a la altura de sus ilustres parientes. Su arquitectura magnética no es una simple curiosidad, sino una posible clave para entender cómo nace la superconductividad sin resistencia.
Los átomos de manganeso en RbMn6Bi5 forman pentágonos, y en el centro de cada pentágono hay un átomo de manganeso sin momento magnético: un caso raro de centro "magnéticamente vacío" en una estructura ordenada.