Diminutas partículas con forma de flor son capaces de hacer dos cosas a la vez: calentarse y avisar de lo calientes que están. No es ciencia ficción, sino el resultado de trabajar con nanopartículas de ferrita de cobalto, un material magnético que reacciona ante un campo magnético. Normalmente, para calentar y medir la temperatura se necesitan instrumentos distintos, pero aquí todo está integrado en una sola partícula.
¿Cómo funciona? Las partículas se colocan en un campo magnético alterno y su magnetización comienza a oscilar. El carácter de estas oscilaciones depende de la temperatura: cuanto más caliente está la partícula, más lentamente se "voltea" en el campo magnético, como la miel que se espesa cuando se remueve con una cuchara. Los científicos han observado que, por la forma del ciclo de magnetización, se puede determinar con precisión la temperatura de la partícula. Además, las partículas se calientan simultáneamente bajo la acción de la luz infrarroja, y este calentamiento también puede rastrearse mediante el cambio en la respuesta magnética.
Es importante que este método funcione incluso después de recubrir las partículas con una capa protectora o de sumergirlas en distintos líquidos. Esto significa que pueden utilizarse en tejidos vivos sin temor a que la señal se pierda. En el futuro, estas partículas podrían ayudar a los médicos a controlar con precisión el calentamiento durante el tratamiento de tumores, sin dañar las células sanas.
Las nanoflores de ferrita de cobalto se calientan bajo luz infrarroja, que no vemos pero sentimos como el calor del sol o de una fogata.
Un principio similar de calentamiento autocontrolado se describe en la ciencia ficción, donde los nanorobots médicos mantienen la temperatura corporal adecuada desde el interior.