El cerebro acumula impresiones durante el día, como una habitación acumula cosas. Por la noche, durante el sueño profundo, no solo descansa, sino que pone orden: repasa los acontecimientos del día y decide qué conservar y qué desechar. Los científicos han construido un modelo informático del cerebro que aprende de varios ejemplos durante el día y por la noche los "revisa", como si soñara. En el modelo había conexiones dentro de cada capa de células nerviosas y entre capas, como estantes y cajones en una habitación.
Resulta que la reorganización de las conexiones entre capas durante el sueño es la clave para una memoria sólida. Si esas conexiones no cambiaban, después de dormir el modelo reconocía peor las imágenes. Pero cuando las conexiones entre capas se actualizaban, la memoria se volvía más precisa y nítida: el cerebro parecía colocar las cosas en los estantes adecuados, en lugar de amontonarlas.
Esta limpieza nocturna no es solo un ahorro, sino una forma de hacer la memoria más fiable. El cerebro no lo borra todo indiscriminadamente, sino que selecciona lo importante, fortaleciendo las conexiones útiles y debilitando las aleatorias. Por eso por la mañana recordamos lo esencial y los detalles se olvidan.
Este descubrimiento sugiere cómo hacer sistemas informáticos similares al cerebro, pero no tan voraces. Si les permitimos "dormir" y reorganizar sus conexiones, podrán aprender con más precisión y consumir menos electricidad. Como el cerebro, que por la noche pone orden y por la mañana trabaja con más ligereza.
Durante el sueño, el cerebro reduce el gasto de energía en decenas de puntos porcentuales, como si apagaras todos los electrodomésticos innecesarios de la casa, dejando solo la nevera y la lámpara de la mesilla.